Pomadas oftálmicas

No iniciada

Hay momentos en los que no podemos evitar restregamos los ojos con las manos; nos molestan, nos pican, parece que tengamos arenilla. El siguiente momento que recordamos es que alguien nos dice “tienes el ojo rojo”. Nos miramos en el espejo y, efectivamente, tenemos una conjuntivitis.

Muchas de estas patologías leves oculares se localizan en la superficie ocular, que está constituida por elementos independientes pero que funcionan de una forma integrada: son los párpados, conjuntiva y película lagrimal.

En esta píldora nos vamos a centrar en una forma farmacéutica que son las pomadas oftálmicas. Su administración está indicada en aquellos casos en que se quiera aumentar el tiempo de contacto del fármaco con la superficie ocular externa.

Se utilizan excipientes estériles como la vaselina o la lanolina anhidra, que no se absorben por los epitelios de la córnea y funden a la temperatura del cuerpo. Los fármacos, cuando son liposolubles, se disuelven en el excipiente, y los que son hidrosolubles se formulan como una emulsión de fase externa oleosa.

La pomada, antes de eliminarse, queda en el saco conjuntival consiguiendo una liberación sostenida. Causan visión borrosa, el efecto es más prolongado y esto hace que se administren preferentemente por la noche.

Se envasan en pequeños tubos flexibles (contenido un máximo de 5 gramos), esterilizados y provistos con una cánula.

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Viernes, 08 Septiembre 2017
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